Los juguetes aportan felicidad tanto a los peques como a nosotros cuando vemos lo que disfrutan.
En una página donde se venden juguetes todos los temas tendrían que ser alegres. Pero hay veces que no es así.
El tema me pilló desprevenida y me ha impresionado, tenía que contarlo y no encuentro mejor forma.
Esta semana fui a por madera a mi proveedor. Como hay confianza y sabe que hago juguetes, siempre lo acompaño dentro del almacén y así elijo las tablas que me llevo.
Pues eso, estábamos entre un montón enorme cuando oímos un grito y un juramento que no se puede repetir, seguido por maldiciones en arameo.
Con el susto metido en el cuerpo corrimos hacia donde los gritos seguían pensando que había pasado alguna desgracia.
¡Menos mal que no!
No era ningún accidente, nadie se había cortado Uff! ¡Que mal rato|
Entonces lo vimos.
El hombre estaba cortando unas tablas y la sierra se había roto. Hasta ahí nada raro, pero mirando con atención vi un trozo de metal incrustado en el tronco.
¿Cómo había llegado hasta allí?
Ya más tranquilos me explicaron que les ocurría a menudo, que había partidas que no podían cortar. Era METRALLA, si metralla de bombas o granadas o vete a saber de qué.
Mucha de la madera que se vende procede de países del Este, de países donde se libró la Guerra de los Balcanes.
Las piezas metálicas se incrustaron en los arboles, con los años esta metralla fue a parar al centro del árbol.
Me dio una pena enorme. 25 años después los arboles contaban su historia, testigos mudos de la barbarie humana.
No sé qué me impresionó, no sé describirlo, no fueron los gritos o el susto sino el pensar que aquellos arboles habían estado en una guerra.
¿Cómo comparar esa madera con los troncos que me traje de Asturias? ¿o con la que estaba comprando de Soria?
Y si ya tenía claro que quería madera nacional, con esto me reafirmo. Madera 100% de bosques sostenibles y españoles.